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Es importante conocer cuáles son para así evitar contar con los que estén a nuestro alcance controlar.

La edad. Conforme una persona va envejeciendo, su corazón también lo hará. Es por esto que las personas de edad avanzada son las que corren mayores riesgos de tener una enfermedad cardiaca o un paro. Se recomienda que al pasar los 50 años de edad, la persona se someta a revisiones constantes, no sólo del corazón, sino de todo su organismo para asegurar que todo marcha bien.

 

El sexo. Los hombres tienen un riesgo mayor de desarrollar un problema en el corazón. Esto se debe a que las mujeres tienen hormonas que ofrecen un efecto protector contra enfermedades cardiovasculares. Después de la menopausia, las mujeres tienen el mismo riesgo que los hombres de desarrollar una enfermedad de este tipo, ya que reducen la producción de hormonas debido a la ausencia de la menstruación.

 

Herencia. Si alguno de los padres o hermanos tiene alguna enfermedad cardiaca, es muy probable que la persona desarrolle alguna en una etapa de su vida. Las más comunes son aquellas que afectan al músculo cardiaco (miocardiopatías).

 

Presión alta. La presión alta hace que el corazón tenga que hacer más fuerza para poder bombear la sangre a todo el cuerpo. El músculo cardiaco tiene que adaptarse a este aumento del estrés con el tiempo, y hace que se engrose. Si no se trata, se produce un fallo cardiaco (insuficiencia cardiaca) crónico con agrandamiento de los ventrículos.

 

Colesterol. Altas cantidades de colesterol pueden bloquear a las principales arterias que suministran sangre al corazón, lo cual puede provocar un paro cardiaco u otras molestias relacionadas con el bombeo de sangre del corazón. Está demostrado que las personas con niveles de colesterol en sangre de 240 tienen el doble de riesgo de sufrir un infarto de miocardio que aquellas con cifras de 200.

 

Diabetes. El problema con esta es que el alto nivel de azúcar en sangre, puede deteriorar los vasos sanguíneos y hacer que se tapen las arterias.

 

Consumo de alcohol y tabaco. El humo del tabaco puede dañar el área del corazón y por ende, afectar a los vasos sanguíneos que lo rodean. De igual forma, el alcohol es un tóxico para el músculo cardiaco, puede llegar a debilitar el corazón y causar una enfermedad denominada miocardiopatía dilatada (el corazón se dilata y disminuye la fuerza de “bombeo”).

 

Sedentarismo. Las personas que no realizan actividades físicas, tienen mayores riesgos de sufrir una de estas condiciones. El sedentarismo, puede terminar en obesidad, lo cual aumenta las posibilidades de un infarto o alguna complicación cardiaca. Esto debido a que las arterias pueden acumularse de grasa e impedir que la sangre fluya de forma apropiada.